Julio Ríos
Twitter: @julio_rios

A 25 años de su aparición, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) sigue representando una visión de autonomía y organización social que nace desde la base, lo cual es díametralmente opuesto al proyecto paternalista de un indigenismo oficial que parece que regresará con el nuevo Gobierno Federal y su Cuarta Transformación (4T).

El EZLN volvió a aparecer públicamente en las vísperas de su 25 aniversario para anunciar una red de resistencia a los proyectos del nuevo gobierno.

Hay que dejarlo claro desde un inicio: Sí existe un movimiento con la legitimidad para ser contrapeso social a cualquier gobierno, no sólo al actual, es precisamente el zapatismo.

Y es que hay de izquierdas a izquierdas. La del zapatismo podemos decir que es una izquierda pura, pues promueve la autodeterminación de los pueblos originarios y ha sido la única voz auténtica que, al margen de partidos políticos o grupos de interés, ha tronado contra el aparato de dominación.

Es un movimiento que nace de abajo. Desde la opresión de siglos y siglos contra los pueblos originarios. Desde 1974, las comunidades aglutinadas en el Congreso Nacional Indígena comenzaron a denunciar el estado de cosas e intentaron resolver sus rezagos por la vía pacifica, pero solo recibieron represión.

Fue así como el 1 de enero de 1994 surgió -para muchos sorpresivamente, pero sin duda, irremediablemente- el movimiento armado del EZLN. Once días de combates, que abrieron los ojos de la sociedad mexicana y de la comunidad internacional al poner en el ojo público la tremenda desigualdad y el abandono histórico del gobierno mexicano a los indígenas, de quienes presume sus tradiciones como patrimonio cultural y orgullo nacional, pero en los  hechos no aporta las condiciones para resolver sus satisfactores más básicas y los mantiene muriendo de hambre.

Luego de que este movimiento adquirió notoriedad internacional -gracias también a una figura magnética y mediática como el Sub Comandante Marcos (quien luego se hizo llamar Galeano)- y de la firma de los acuerdos de San Andrés Larraizar (jamás cumplidos por Zedillo, Fox ni sus sucesores) los zapatistas se abocaron a la consolidación de las comunidades y municipios autónomos y a trabajar al margen. Era absurdo intentar incluirse en el engranaje oxidado de un sistema que no funciona.

Mención aparte merece la labor de pastoral del Obispo Samuel Ruiz -conocido cariñosamente como “El Tatic”, por los indígenas de la diócesis de San Cristóbal dela Casas- quien con su labor en favor de los más desfavorecidos se ganó el amor de los pobres y también el repudio de los caciques y las familias acomodadas, quienes emprendieron -junto a sacerdotes del ala conservadora que juega del lado de los poderosos, como el entonces Nuncio Jerónimo Priggione- una campaña de desprestigio, acusando al purpurado ante El Vaticano, de ser un “alborotador”. Afortunadamente la reciente visita del Papa Francisco a la tumba de “El Tatic” Ruiz, puso todo en su lugar de nuevo y la Iglesia Católica se reivindica con este personaje (quien debería ser beatificado).

Volviendo al  tema, hay que recordar, que  el EZLN no ha apoyado ninguna de las tres campañas de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República.

Aunque tampoco ninguna de otros candidatos. Siempre han sabido pintar su raya, dejando en claro que todos los partidos -incluyendo Morena- trabajan para el sistema económico que ellos combaten.

Y en 2017, incluso, el EZLN junto con todos los demás pueblos y comunidades que integran el Concejo Indígena de Gobierno, aprobaron postular a Mari Chuy Patricio, indígena Nahua de Jalisco, como candidata independiente a la presidencia de la República.

No con la intención de ganar, sino de visibilizar a los pueblos originarios, el abandono que sufren y denunciar al neoextractivismo depredador sustentado un un rapaz neoliberalismo que destruye el medio ambiente, y al cual, Mary Chuy describió en una entrevista que le realicé, como “un monstruo”.

Si bien, este neoliberalismo a ultranza, que destruyó el país en los últimos 40 años ha sido denunciado por López Obrador, la diferencia radica en que el nuevo gobierno, a través del nuevo Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, -por el cual busca atender a los 68 pueblos originarios y afromexicanos en la República- parece más inspirado en el paternalismo y el indigenismo oficial de Lázaro Cárdenas.

Lo vimos desde las ceremonias indígenas en que AMLO participó en el día de su toma de protesta y luego al pedir permiso a la madre tierra. Parece entonces -puedo equivocarme- el uso histriónico de las tradiciones originarias

En contraste, el zapatismo ha buscado, a través de los municipios autónomos, que los indígenas resuelvan sus problemas y administren sus propios recursos a través de juntas de buen gobierno. Es decir, al asumir que el sistema político no funciona, tomar las riendas por ellos mismos.

Recordemos, en síntesis, lo que el filósofo Enrique Dussel exponía en sus obras Filosofía de la Liberación, Etica de la Liberación y Política de la Liberación: “Los Otros” son aquellos ignorados por un sistema político y económico que parece funcionar por si solo. Pero cuando esos otros despiertan y expresan su molestia por ser relegados, la única manera de resolver sus problemas es salirse por completo de ese sistema que los oprime para buscar sus propias soluciones, pues sería demencial intentar cambiar las cosas adentro de un sistema que ha demostrado que no funciona.

Por ello el zapatismo impulsó estos municipios de autogobierno en el que – a diferencia de los demás-  podemos decir que las cosas marchan en paz y armonía para quienes ahí viven.

La voz del EZLN es más necesaria que nunca. Sobre todo ante las advertencias de algunos opositores a megaproyectos como el Tren Maya, que presuntamente atentarían contra el Medio Ambiente.

Pero sobre todo, se debe seguir luchando para abatir esa deuda histórica del Estado mexicano, contra los pueblos originarios y afromexicanos, y urge una reforma constitucional que permita reconocer a los indígenas como sujetos de derecho, una propuesta que ha impulsado desde sus tiempos de diputado local, el hoy senador y presidente nacional de Movimiento Ciudadano, Clemente Castañeda.

Esa reforma es absolutamente necesaria para dejar de ver a los indígenas como menores de edad. Para reconocer además su libre determinación (lo cual admite como urgente hasta el mismo Adelfo Regino, quien encabeza el recién creado INPI y fue asesor del EZLN en los acuerdos de San Andrés).

Esto además, contrasta con esa visión del nuevo gobierno, que para muchos especialistas -como el historiador Antonio García León- resucita aquellas prácticas paternalistas, de un indigenismo oficial, más parecido al nacionalismo revolucionario de personajes como Lázaro Cárdenas, y contra el cual -entre otras afrentas- se levantó precisamente el EZLN hace 25 años.

Bienvenido el regreso del zapatismo y sus proclamas en el debate público.