Julio Ríos

@julio_rios

La gran duda que flota en la atmósfera política jalisciense: ¿Podrán entenderse la presidencia de México con Andrés Manuel López Obrador y el Gobierno de Jalisco con Enrique Alfaro Ramírez?

Yo era de los que pensaba que sí existen puntos comunes que terminarían por construir un acuerdo de entendimiento. Pero con lo ocurrido en los últimos días, con un rudo intercambio de acusaciones que ha subido de tono –más de AMLO hacia Alfaro, hay que decirlo- es lógico que surjan las dudas.

Pero vayamos por partes.

Alfaro y López Obrador hicieron campaña codo a codo en 2012. En ese entonces, Andrés Manuel pedía en cada mitin que los jaliscienses votaran por el abanderado de Movimiento Ciudadano y no por el abanderado del PRD, Fernando Garza. A su vez,  Enrique decía sentirse orgulloso de hacer política junto a quien solía describir como “el líder social más importante de este país”.

Ambos fueron derrotados en 2012. Y luego de eso vino el punto de quiebre. Alfaro decidió seguir por su cuenta. López Obrador lo interpretó como una deslealtad.

A partir de entonces, en varias ocasiones, López Obrador ha arremetido contra Enrique Alfaro, a quien ha llamado “traidorzuelo” y lo ha acusado incluso de tener acuerdos políticos con el expresidente de México, “El innombrable” Carlos Salinas de Gortari.

Estos deslindes se han incrementado en 2018 porque la gente de Carlos Lomelí, candidato al gobierno de Jalisco por Morena así se lo ha pedido a “El Peje”, ya que aún hay mucha gente confundida que cree que Alfaro sigue siendo el candidato de AMLO.

A su vez, Enrique Alfaro ha señalado que López Obrador no quiere gobernadores, sino equipales (sillas artesanales de cuero y madera que se fabrican en Zacoalco de Torres, Jalisco) y que no va a permitir que se pisoteé la dignidad de los jaliscienses. No obstante, siempre ha matizado, aclarando que respeta a López Obrador.

Este tipo de acusaciones no son nuevas, insisto. Se habían dado de parte de AMLO desde hace dos años. Alfaro no le había entrado a ese intercambio de acusaciones porque Movimiento Ciudadano mantenía la esperanza de volver a hacer una alianza como en 2012. Hubo reuniones para eso y no se logró.

Incluso durante esta campaña en 2018, se orquestaron reuniones gracias a la operación política de personajes que simpatizan con ambos candidatos, como el empresario Alfonso Romo, el ex jefe de gobierno Marcelo Ebrard, y por Jalisco, el ex candidato a Senador, Esteban Garaiz y el alcalde de Guadalajara, Enrique Ibarra Pedroza, quien por cierto,  rechazó una invitación para incorporarse a Morena.

Aunque no se concretó nada de esas reuniones, todo esto creaba la sensación de que en un futuro podría haber entendimiento entre Alfaro y AMLO. Y más aún porque Alfonso Romo, quien opera con los empresarios apoyos a nivel nacional para López Obrador, la semana pasada minimizó el intercambio de acusaciones y las atribuyó a la calentura electoral. E incluso externó su simpatía por Alfaro, de quien dicen algunos, es uno de los gallos de Romo a la Presidencia de México en 2024.

No habían pasado ni 24 horas cuando en un vídeo grabado en Oaxaca, López Obrador echó por tierra las declaraciones “sanadoras” de Romo. En ese vídeo, AMLO no dijo nada nuevo de lo que ya había mencionado en sus mitines en Jalisco, pero sí lo hizo en un tono  aún más estridente: “Alfaro no me da confianza”, apuntó. Y lo acusó de participar en “moches” en municipios gobernados por Movimiento Ciudadano.

A pesar de todo, soy de los que cree que aún existe esperanza de un entendimiento entre Alfaro y AMLO una vez pasada la jornada electoral.

Para empezar, Movimiento Ciudadano y Morena cuentan con personajes que son “híbridos” de ambas corrientes.

Ya mencionamos a Marcelo Ebrard y Alfonso Romo, así como a don Esteban Garaiz y Enrique Ibarra. Otros interlocutores podrían ser Ismael del Toro, el diputado Víctor Sánchez Orozco o el mismo Alberto Uribe Camacho, ex alcalde de Tlajomulco, quien gracias a su amistad con Marcelo Ebrard se perfila como el jalisciense mejor posicionado en el proyecto lopezobradorista.

Todos ellos son interlocutores que pueden ir pavimentado acuerdos de entendimiento.

E incluso, hay alfaristas, que operan para López Obrador en algunos municipios y distritos.  En Guadalajara, es común ver automóviles con calcomanías de ambos candidatos, pues al votante de Enrique Alfaro no le gusta Ricardo Anaya. Ambos, AMLO y Alfaro, son los candidatos anti-establishment.  Por eso, porque a sus simpatizantes no les gusta Anaya, Enrique Alfaro en Jalisco va solo, a diferencia de lo nacional, donde Movimiento Ciudadano se unió al PAN.

Además los alfaristas en las últimas semanas han sido tibios en su apoyo hacia Ricardo Anaya, ya no lo mencionan con la misma fuerza. Están más concentrados en ganar Jalisco y las ciudades más importantes. El vídeo de López Obrador no era lo que deseaban porque sin duda, les convenía que el electorado siguiera relacionando a Alfaro y AMLO como las marcas ganadoras.

Y hay otro punto en el que se construye esa esperanza de reconciliación: Alfaro utilizó un tono mucho más amable en el vídeo que grabó como respuesta a las acusaciones del tabasqueño.

No arremetió contra “El Peje”, más bien dijo: “los jaliscienses saben quién es realmente la persona que elegiste como candidato”, refiriéndose a Carlos Lomelí, a quien en los últimos días se le ha acusado por beneficiarse de contratos con el gobierno, a diferencia de López Obrador que, según el discurso morenista, ha luchado contra el sistema durante décadas.

Y sobre todo, Enrique Alfaro recalcó en su vídeo: “Respeto a López Obrador por los valores que representa”. Y anticipó que sea quien sea el próximo presidente de la República, trabajarán juntos.

Este tono de respeto, abre la esperanza.